Una buena racha
Pablo abre los ojos una mañana y se da cuenta que la vida, por casualidad, es un milagro. No es un milagro dogmático ni de fe, sino un milagro de probabilidades.
Para llegar hasta el día de hoy, primeramente ha tenido que ser el primero y único de entre varios millones en una carrera microscópica. A partir de su concepción, ha logrado sobrevivir día a día, sorteando infinitos riesgos como asfixiarse con un caramelo, resbalar en la bañera o sufrir piquetes de mosquito (pues Pablo es mortalmente alérgico a ellos). Todo ello sin mencionar el complejísimo mecanismo que lleva dentro de su cuerpo (y que eso sí: algún día fallará). Pero no deja de ser un milagro de probabilidades el que nada haya fallado hasta ahora.
Pablo contempla angustiado la precaria situación y se da cuenta que hasta ahora ha tenido una muy buena racha. Va bastante tarde, así que coge su paraguas y sale corriendo al trabajo como todos los días, para sortear charcos resbalosos, rayos y tranvías.